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Mamás-zombies

23 Oct

No sabía por qué, pero la estampa me resultaba familiar; en plan, yo ya he estado aquí antes. Como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y no terminas de dar con ella. ¿A qué es a lo que me recuerda?  Y entones empecé a observar a mi alrededor y allí, en el parque, a la hora punta de la tarde de un viernes, solo había madres como yo.

–          Mujeres de treinta y pico, algo despeinadas porque: A) han vuelto los ochenta; B) consiguieron peinarse antes de salir de casa, pero sus retoños se agarraron a su moño una vez llegaron al parque;  C) como estaban con sus retoños, no tuvieron tiempo para peinarse antes de salir de casa.

via wikipedia

–          Mujeres, con leves ojeras de “porDiosporlaViregenyportodoslosSantos, que acabe de una vez esta semana”, o dicho de otro modo, ojeras estilo mapache porque: A) el rimel se ha corrido un poco y no me he dado cuenta; B) el rimel se ha corrido pero me da un aspecto de doblete que me hace ilusión rememorar; C) el rimel se me ha corrido pero todavía no he tenido dos minutos para limpiármelo, así que he intentado limpiarlo con una toallita húmeda de esas pal culín de la nena, pero sin espejo y en fin, para que voy a seguir contando más…

                                          via Playground
–          Mujeres que avanzan arrastrando ligeramente una de sus piernas porque: A) justo en ese momento les dio un tirón; B) pisaron una caca de perro y quieren limpiar la suela del zapato; C) tienen ciática desde que dieron a luz, pero como no han tenido tiempo para ir al fisioterapeuta, cada vez que hacen un esfuerzo cogiendo peso el nervio ciático se les vuelve a pinzar.

Entonces ¿a qué es a lo que me recuerda la hora punta en el parque un viernes tarde? ¡Ah, ya sé! A la nueva temporada de Walking dead.

via IMDb

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Lo que viene después

16 Mar

Sí, de lo que viene después. Eso es de lo que habría que hablar en esas clases pre- parto que, al menos en mi caso, fueron más parecidas a clases de gimnasia de los 70´s y terapia grupal. Y es que, lo que más temen la mayoría de las mujeres durante el embarazo es el momento de parir. A medida que se va a acercando la fecha, todos esos miedos que no habían aflorado hasta el momento, comienzan a aparecer. El mayor de ellos ¿vendrá el crío bien? Dan igual todos los avances, todas las ecografías en 2, 3 y 4D. Cuando estas a punto de parir piensas si todo estará bien y también, si tú lo has hecho todo lo bien que podías. Si quizás tenias que haberte cuidado más, hecho más ejercicio, comer más sano… Te entran remordimientos de todo tipo y colores… por ese cacho de chorizo que te tomaste en el vermut, por haberte puesto a pintar, con lo toxica que es la pintura, en plena mudanza… En fin, por todo lo que hiciste o dejaste de hacer. Pero lo cierto es que  da igual. Esos miedos, esa incertidumbre se pasa, básicamente porque parir, pares. Como sea. Con ayuda, sin ayuda, en casa con una matrona, con un médico, con epidural, sentándote en una pelota de goma, en 8 horas o en tres cuartos. Parir, pares.

Lo realmente importante y de lo que nunca te hablan a las claras, es de lo que viene después. Sí, de ese periodo que en las revistas naif de maternidad llaman “periodo de adaptación” para “que todos los miembros de la familia se vayan conociendo”, como si solo nos fuéramos a tomar un café.  Pues bien, ese “periodo” no es más que el post-parto o montaña rusa hormonal.

En la mayoría de webs de mamás te dirán que si durante el post-parto tienes síntomas de melancolía, cansancio o tristeza más allá de dos semanas, te has de empezar a preocupar. Incluso para eso, para el cambio físico pero, sobre todo, existencial que es la maternidad, te ponen un tiempo delimitado. No más de dos semanas, ¡señoritas! Y acojona, la verdad, leer que tendrías que estar bien cuando ya se cumple el primer mes y todavía no has encontrado la forma de sentarte porque te duele la cicatriz de la episiotomía, no consigues  sentirte descansada ni aun durmiendo siestas de una hora, tu madre os sigue haciendo la comida y vas llorando por las esquinas cada vez que en el telediario sale una desgracia.

Así que la verdad sobre el parto es que después viene el post-parto, y eso, a mi juicio, es para lo que te tendrían que preparar en las clases pre-parto. Decirte la verdad: que estarás tan cansada, tan arrasada que te sentirás frustrada por no poder estas al 100% en el momento más importante de tu vida hasta la fecha. Que cuando el crío no se agarre al pecho y esté muerto de hambre, tú te pases el día en “tetas fuera”, colgada del sacaleches y con los pezones tan agrietados que solo con el roce del sujetador te duelen, habrá un momento que tendrás que tomar decisiones que no han de pasar por la culpabilidad. No te dicen que puede que discutas con tu pareja aunque no lo hayas hecho nunca jamás, que las visitas te agobien, incluso las de la familia, que estarás irascible y al minuto simpática… Que puede que duermas por la noche o puede que no, y que eso, en días acumulados, puede hacer que se te olviden las cosas y tengas que ir pegando post-it por ahí como el de Memento, tengas menos capacidad de atención o simplemente, menos humor… Y de eso, de cómo gestionar todas estas cosas, es decir, de lo que viene después, es de lo que deberían hablar a las mujeres antes de parir. Y seguro que ninguna se echaba para atrás.

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